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El crecimiento en la demanda de combustibles fósiles y materiales para la gran industria, ha llevado a la intensificación de proyectos extractivos y a la adecuación del marco legislativo colombiano a los intereses de las CTN sobre los territorios. Esta situación se traduce en la militarización de regiones del país y en el desplazamiento de  las comunidades que las habitan.

Tras años de impulso a la Campaña en Defensa del Páramo El Almorzadero hemos logrado que ésta sea un símbolo nacional de resistencia comunitaria contra el modelo extractivista, así como un ejemplo de alternativas sustentables a la minería. En este territorio hemos conformado y fortalecido la Comisión de Vigilancia y Seguimiento para la Protección del Páramo El Almorzadero a través de intercambios, pasantías y vinculación de la academia. Hemos adelantado y coadyuvado varias iniciativas jurídicas para garantizar la protección de los ecosistemas. Asimismo, venimos consolidando una Red de comunidades afectadas y amenazadas por megaproyectos para la defensa de los territorios y de las comunidades afectadas por el modelo extractivo.  Fortalecemos políticamente estas estrategias a través de nuestra participación en redes internacionales como el Observatorio de Conflictos Mineros en América Latina (OCMAL) y Oilwatch.

 

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La minería, ¿sí o no?

 

La pequeña minería de los metales preciosos en nuestro país tiene una historia que se remonta a la conquista, desde entonces hasta hoy ha marcado la vida y cotidianidad de muchos pueblos, que vieron la posibilidad de redimir su pobreza en esta actividad y que por el contrario, ha sido causa de su malestar, generando grandes cambios en su cultura y medio ambiente; corrupción, enfermedad, dependencia, perdida de valores y dignidad, discriminación y caos ambiental son los elementos que hacen parte del paisaje en las diferentes regiones mineras de Colombia.

No es cierto que la gran minería genere menos impactos y que la pequeña minería sea más agresiva ambientalmente, como lo han querido hacer ver falsas estigmatizaciones, ya que los impactos son función del tamaño, las prácticas mineras, las tecnologías utilizadas y los niveles de riesgo socio-ambientales; las medidas de mitigación siempre son insuficientes y en la mayoría de los casos el deterioro es irreversible tanto en el medio ambiente como en el cuerpo humano y en las sociedades; cada ser vivo tiene un limite, un nivel de aceptación a los cambios y este limite es franqueado permanentemente en el proceso minero.

Como lo decía el autor Augusto Ángel no se puede jugar impunemente con la naturaleza, en este sentido los impactos de la minería se hacen inmanejables en el tiempo y no son solo un problema de capacidad de inversión o de compensación de impactos, tampoco un problema de organización u ordenamiento, es un problema de pervivencia humana.

El total de la minería de metales preciosos, sin tener en cuenta su tamaño (subsistencia, pequeña, mediana, grande) se desarrolla, con grandes costos sociales, políticos y ambientales para la humanidad.

Colombia ha desarrollado estudios alrededor de la economía minera, en él se hacen valoraciones, en cuanto a la producción y nivel de exportaciones, costos de explotación, etc., sin embargo, en ninguno caso se tiene en cuenta los costos ambientales y sociales, que la minería ha generado en las regiones, en el país y en el mundo. Los estudios econométricos no dejan ver sino la realidad basada sobre el sistema de perdidas y ganancias monetarias, pero no se hace en el sentido de lo que significa vivir y permitir a otros que también vivan en este planeta; lo que significa la permanencia del hombre en el planeta y el compromiso que tenemos con las generaciones futuras.

Marmato zona minera colombiana, grafica ampliamente esta situación, allí se muestra los grandes costos de este proceso productivo, que a su vez se convierten en pasivos ambientales. Debido a la minería de oro y plata, actividad que es tradicional, y que lleva casi los mismos años del descubrimiento de América, Marmato esta al borde de una catástrofe de grandes magnitudes. El nivel de des estructuración del suelo es tal, que ha provocado grandes deslizamientos, que ya han cobrado vidas humanas; el Estado ha invertido grandes cantidades de dinero en un plan de mitigación, sin embargo no se ha logrado cumplir con el objetivo de detener la subsidencia, la erosión, las remociones en masa, la perdida de vegetación y la perdida de vidas; que debido a las condiciones de alto riesgo del emplazamiento se han vuelto parte de la cotidianidad; el recurso hídrico esta completamente contaminado o simplemente se ha extinguido debido a la sobre explotación de los acuíferos subterráneos y superficiales, el agua para actividades domesticas e industriales se transporta a través de tanques y mangueras de zonas lejanas y el pueblo es objeto de frecuentes racionamientos; las zonas boscosas prácticamente ya no existen, gran parte de la madera utilizada para la infraestructura minera es traída de los bosques chocoanos, costa pacífica colombiana, zona de reserva forestal de la humanidad.

Marmato no ha generado mejores condiciones sociales a sus habitantes, en estos quinientos años, pese a sus entradas por regalías, que en su mayoría se han fugado, las han desviado o simplemente han sido malgastadas; su infraestructura se reduce a un par de calles empedradas, unos cuantos colegios de secundaria, con las mismas deficiencias de todos los colegios en la nación, no ha sido posible consolidar un proceso de formación que permita que la sociedad marmateña, incorpore el conocimiento especifico necesario para vincularse a los procesos productivos mineros que generen cambios y mejoras en la sociedad y en su entorno.

El gobierno nacional, la gobernación de Manizales, el alcalde de Marmato, saben que el problema ambiental y social del municipio, es inmanejable y seguramente algún día llegara a su fin, pero a costa de muchas vidas.

La minería no aporta bienestar a las comunidades locales; en el momento en que los suelos sin sostén y pesados por el agua ya no puedan contenerse y tengan que desplazarse por las mismas calles en que seguramente habrá niños, animales, hombres y mujeres, sé sabrá que la minería conduce a un vacío del cual no se saca nada; ya sucedió una vez, solo hay que esperar la próxima catástrofe en Marmato.

Será fácil decir, que mucha de la culpa es de la gente que no quiso irse, ignorando conscientemente que muchos nacieron allí, que ahí nacieron sus padres y que sus abuelos fueron los que removieron las primeras piedras de este proceso, que esa es su vida, la única que conocen, y la que los llevara a una encrucijada, pero que como ellos dicen: aquí estamos porque esto es lo único que sabemos hacer y de lo que vivimos.

El impacto social generado en las zonas donde se explota, al igual que el impacto medio ambiental, también es enorme, el caso de Segovia, otra zona minera colombiana, es evidente en este sentido; el pueblo de Segovia ha perdido su capacidad de autocuestionamiento, su ética y su juicio de valores, es un pueblo donde el numero de muertes a causa de esta minería es alto, lamentablemente la mayoría de ellas se le suman al conflicto paramilitar y guerrillero de la zona; es evidente que los grupos armados están en la zona debido a su interés de controlar el territorio y específicamente su riqueza natural. De esta manera la economía minera de los metales preciosos en la zona, es un elemento en disputa dentro del conflicto armado.

Igualmente es importante mencionar el deterioro social que este pueblo viene afrontando, después de ver violentado su derecho a la vida, a través de las permanentes masacres que tanto paramilitares como guerrilleros han ocasionado sobre el territorio y sus habitantes; las mujeres son vistas y concebidas como parte de las suntuosidades de un momento pero que se desechan apenas han cumplido con su ciclo, las jóvenes ejercen la prostitución en sus diferentes manifestaciones y no necesariamente a través de un pago que se hace directamente en dinero; igualmente los niños pierden su inocencia aun siendo niños, es común ver entre ellos la drogadicción, la prostitución, el alcoholismo, la violación y el maltrato intra familiar.

Las expectativas de cualquier habitante son ganar mucho dinero de cualquier forma, vinculado o no a una empresa, para poder dedicarse al consumo de ropa, joyas, alcohol, y otros elementos suntuosos; no hay conciencia de planificación, no hay procesos de formación de capital social, no hay inversión social, no hay mejora en el bienestar del municipio, por el contrario, se puede morir muy joven, alcohólico o a causa del suicidio.

El gobierno y las autoridades mineras a nivel mundial, hablan de procesos sostenibles de producción minera, pero ¿qué es sostenible dentro de esta actividad, cuando necesariamente estamos atentando contra la vida de la naturaleza y la vida humana, rompiendo todos los niveles de resiliencia de nuestros ecosistemas?

Por otro lado las políticas nacionales e internacionales, se desvanecen en el marco de lo local, donde las realidades son apremiantes, por fenómenos avasalladores como la corrupción administrativa que no solo cobija los niveles locales (alcaldías) sino los nacionales (entidades nacionales encargadas del sector minero); la presencia de grupos armados (paramilitares y guerrilla); la pobreza y la falta de formación de los gobernantes tanto locales como nacionales, que no han construido una visión de país, que les permita manejar las riquezas naturales desde una óptica de equidad y justicia; y la falta de conocimiento, de capacidad técnica que permita planificar los procesos, basados en información no solo de los yacimientos, sino también de los ecosistemas y las culturas que están involucrados en estos procesos productivos.

Si tenemos en cuenta que la minería de los metales preciosos es una minería que se hace para suplir necesidades suntuarias de los hombres y las mujeres, estos costos se hacen mucho mas cuestionables. Es necesario pensar cuantas vidas humanas y cuanta naturaleza hay que cercenar, para que unos pocos puedan disfrutar del placer vano de lucir una alhaja o joya.

El oro ha perdido su valor como un elemento estructurante de las culturas étnicas, donde era parte de complejos rituales, hoy por el contrario se ha convertido en un objeto causante de desconcierto social que genera desdicha a la naturaleza y a los mismos hombres y mujeres, que son víctimas de su proceso productivo y de consumo.

Los costos ambientales y sociales de la minería son insostenibles, no hay un solo ejemplo, ni en esta pequeña minería, en la mediana, ni en la gran minería que muestre lo contrario, sin embargo la enfermedad existe y debemos empezar a erradicarla, pero lo primero que hay que erradicar es el imaginario que debido a una supuesta pobreza, los pueblos ricos en minerales tienen que seguir siendo sacrificados a través de estos procesos de explotación.

Y esto solo sucederá cuando cambiemos nuestra relación con la naturaleza, cuando la economía empiece a cambiar sus conceptos de costo y beneficio monetaristas y entendamos que la vida solo es posible dentro de un marco de existencia, del cual si nos salimos simplemente desaparecemos.

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