El 16 y 17 de mayo, Lima acogió la V Cumbre de América Latina, Caribe y UE. El objetivo europeo de avanzar en la liberalización comercial se topó con la resistencia de algunos gobiernos díscolos.
Si atendiésemos a los periódicos económicos, el balance que dejó la cumbre limeña, que reunió a 27 países europeos y 33 latinoamericanos y caribeños, sería "positivo". Según el presidente de Pro-Inversión, David Lemor, en tres días se realizaron 800 ruedas de negocios, enfocadas sobre todo en infraestructuras y minería, con un volumen de inversiones que superan los 20.000 millones de dólares. "Lo mejor es haber logrado flexibilidad por parte de la UE" entre la Comunidad Andina y la UE, indicó el canciller peruano José García al valorar los resultados obtenidos en materia comercial. "No nos pueden imponer el ritmo del más lento", afirmó.
El presidente boliviano Evo Morales manifestó que está siendo presionado por la UE para ingresar en un Tratado de Libre Comercio (TLC) que calificó de "instrumento de colonización y dominio". Morales propuso a sus pares andinos que convoquen un referéndum en sus países para conocer la opinión de sus pueblos sobre el TLC con la UE. A su vez, criticó con dureza al comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson. "No es posible que nos diga : acepten el formato del TLC o quedan fuera de la negociación". Al final de la cumbre Morales concluyó que la reunión de presidentes fue "pura demagogia". Rafael Correa, presidente de Ecuador, también mostró su oposición. "No firmaremos un TLC con Europa mientras no se permita el libre tránsito de las personas", indicó, antes de añadir : "creemos que la migración no puede ser criminalizada, no existen seres humanos ilegales, sino procedimientos y leyes ilegítimas".
La Declaración de Lima asegura el "goce y la protección efectivos de los derechos humanos para todos los migrantes". A los pocos días, sin embargo, se aprobó en Bruselas la nueva Directiva del Retorno que endurece la política migratoria. Negociaciones bilaterales En Lima se ratificaron las negociaciones comerciales bilaterales como "objetivo estratégico de muy alta prioridad política". Unas relaciones que se establecerán país por país, si hace falta, como señalaron la canciller alemana Angela Merkel y José Luis Rodríguez Zapatero. "Nuestras empresas quieren seguridad y seriedad, y eso está aportando el Gobierno de Alan García", defendió Zapatero.
Como ejemplo para el TLC, se saludó la "exitosa conclusión" en marzo de las negociaciones para un Acuerdo de Asociación Económica entre UE y el Foro del Caribe (CARIFORUM). Respecto al Cambio Climático no hubo avances. Nació Euroclima, un programa medioambiental conjunto entre la UE y América Latina, pero se quedó en mera retórica. Como respuesta al Cambio Climático, la UE y Brasil, entre otros, promueven las inversiones en agrocombustibles, a pesar de que este tipo de cultivo se ha convertido ya en la segunda causa de deforestación en Latinoamérica. La Cumbre de Lima desaprovechó la oportunidad de autoimponerse el objetivo de alcanzar un cero absoluto en el nivel de deforestación, una de las mayores causas del efecto invernadero.
"Preocupados por el impacto del incremento de los precios de los alimentos", los jefes de Estado incluyeron en el último momento la crisis alimentaria en la agenda de Lima. Pero ni la OMC ni otros tratados de libre comercio podrán resolver la crisis alimentaria, afirmó Vía Campesina, y por ello se deben abordar los desafíos más importantes, como los oligopolios que operan a lo largo de la cadena alimentaria, así como la expansión acelerada de la producción industrial de agrocombustibles.