Les cuento además, senadores y colombianos, que hace rato llegó a mi poder la copia de una carta que la Universidad del Llano le envió a la señora presidenta del Senado, firmada por veintidós de los principales científicos de la Universidad, especialistas en temas de Orinoquia y Altillanura. No voy a leer los nombres porque estoy muy escaso de tiempo, sino solo a decir los títulos de quienes la firman. Primera firma, el rector de la Universidad, segunda firma, el vicerrector académico, tercera, el decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, cuarta, el decano de la Facultad de Ciencias Económicas. Firman también el coordinador del Grupo de Investigación para la Simbiosis Hombre-Naturaleza, el coordinador del Grupo Sistemas Sostenibles en Producción, el director del programa de postgrado en Gestión Ambienta, el coordinador de posgrados de Cultivos Perennes, la directora de posgrados de Agricultura Tropical, el decano de la Facultad de Ciencias Básicas, el director de la Escuela de Ingeniería de Ciencias Agronómicas, el director de la Escuela de Ciencias Animales y otro grupo de profesores, selectos todos ellos, con maestrías o con doctorados, en suma, la gente que más sabe en Colombia de altillanura firma. La voy a leer, aun cuando me alargue un poco. Es evidente la molestia con la que estos científicos se refieren a la actitud con la que usted ha enfrentado el debate menospreciando la calidad de unas tierras que le sirven a la producción agropecuaria de Colombia. Dice así la carta de los científicos de la Universidad del Llano:
"En nuestra condición de académicos y en virtud del trajinar por diez años en la región de la Orinoquia colombiana no podemos menos que manifestar nuestro estupor ante las públicas afirmaciones de personas con las más altas responsabilidades en el Estado, sobre la presunta imposibilidad de utilización de las tierras llaneras en sistemas de producción agropecuaria por parte de pequeños productores rurales.
"Luego de los trabajos de investigación realizados en el Centro de Investigaciones de Carimagua, desde su establecimiento a finales de los años sesenta del siglo pasado, es de conocimiento público que los latifundios dejaron de ser la única opción de ocupación de estas tierras. Con la adaptación de pastos y leguminosas a las realidades químicas y físicas de estos suelos la resultante es la posibilidad de que se den explotaciones de menor tamaño sin inversiones cuantiosas, como se viene pregonando, y por ende, dándole cabida a pequeños y medianos productores en ganadería y agricultura, donde otrora solo cabían los grandes.
"Lo anterior sin contar con los nuevos desarrollos tecnológicos de los años recientes, cuando en la altillanura, complementando las condiciones químicas de sus suelos, se están dando resultados agrícolas y pecuarios similares a los de las productividades más altas de Colombia.
"Sorprende que algo tan sabido por estos lares se desconozca por quienes no tienen disculpa para su desinformación, en virtud de las dignidades detentadas en el Estado".
Villavicencio, 10 de mazo de 2008