Un grupo de activistas de organizaciones no gubernamentales colombianas denunció en Berlín los efectos nocivos que tiene el fomento de los biocombustibles y criticaron a Alemania y a la Unión Europea por no tener estos en cuenta al diseñar sus políticas energéticas.
"El estímulo del consumo de biocombustible no tiene en cuenta las consecuencias nocivas para los territorios y para las poblaciones donde se producen las materias primas", dijo en una conferencia de prensa Diego Alejandro Cardona, de la organización Censat-Agua Viva, la sección colombiana de "Friends of the earth".
Según Cardona, los planes de estimular el consumo de biocombustibles no contemplan el impacto que la producción de estos tienen sobre los ecosistemas.
Cardona puso como ejemplo la tala de selva tropical que se produce en el departamento del Chocó, en la costa pacífica colombiana, para ganar terrenos para el cultivo de palma africana, cuyo aceite se utiliza para la producción de biocombustible.
Asimismo, el activista mencionó el costo social que produce la extensión del cultivo de palma en Colombia.
Lidoro Hurtado, del Proceso de Comunidades Negras (PCN), aseguró que los conflictos sociales relacionados con el cultivo de palma en Colombia han traído consigo 3,8 millones de desplazados y, sólo en los últimos tres meses en la ciudad de Tumaco y sus alrededores, 101 asesinatos.
"El cultivo de la palma africana ha implicado una violación sistemática y continuada de los derechos humanos y una destrucción de la selva tropical", dijo Henry Ramírez Soler, de la organización Justicia y Paz.
Ramírez Soler se refirió a una operación militar realizada en el Chocó, cerca de la frontera con Panamá, en 1997 y comandada por el general Rito Alejo del Río y que, según dijo, trajo consigo desplazamientos forzados además de 109 asesinatos y 14 desapariciones.
Tras la operación, según Ramírez Soler, las empresas cultivadoras de palma africana se apropiaron de 23.000 hectáreas de selva tropical, de las que había sido desplazadas comunidades negras.
Los tres activistas consideran que el cultivo de palma africana no puede hacer en modo alguno de madera sostenible porque se trata de un cultivo con no es solidario con las especies locales y que destruye los modos de producción tradicionales.
Cardona sostuvo que la estrategia actual de la UE y de Alemania para proteger el clima va por el camino equivocado puesto que apunta a sustitución de fuentes de energía, sin tener en cuenta las consecuencias nocivas de las nuevas fuentes, y no a un cambio del modelo de consumo de energía.
Cardona, Hurtado y Ramírez Soler se entrevistarán mañana con la encargada de los países andinos del Ministerio de Exteriores, Betina Kern, y con representantes de organizaciones no gubernamentales